lunes, 17 de noviembre de 2014

José Ramírez López Uría poesía extremeña (Jerez de los Caballeros, 1886-1933).

Quién es José Ramirez?


Muchos son los visitantes e incluso habitantes de Jerez de los Caballeros que desconocen que Jerez, además de darnos una increíble herencia histórica también nos a dejado huellas artísticas y literarias como es el caso de nuestro paisano José Ramírez  también cono cido como Pepe Ramírez es un Jerezano que nació en la localidad en 1886 y completó sus estudios en el Colegio San José de Villafranca de los Barros hasta su adolescencia (1899), donde residió en Cuba junto a sus padres durante unos años por asuntos políticos. Ya de muy joven Juan cultivó la literatura narrativa hasta que en 1923 publica su primera obra "Las Tierras Pardas", obra que mas tarde sería reeditadas por el ayuntamiento de Jerez de los Caballeros para añadirlas a la colección de libretillas jerezanas (1993).
En sus obras José hace uso del castúo, variedad del castellano en Extremadura y que muestra el mas puro lenguaje rural de la época. 
Actualmente Jerez de los Caballeros tiene una calle que lleva su nombre y frente a la puerta de la villa tenemos una referencia de su antigua vivienda. 

Nº 1 de la colección "Libretillas Jerezanas" dirigida por Feliciano Correa Gamero. Ed. Bartolomé Gil Santacruz, 1993
    Las poesías que hay a continuación son de su libro titulado:

    LAS  TIERRAS  PARDAS
EL JATO DEL AGÜELO
                                                         
Yo bien sé que no hay naide, dende jace
qué se yo cuánto tiempo,
que se ponga esta ropa que es asina
com'un jato de viejo bandolero.

Ya s'an dio las moas
de la calzona zul y del pañuelo
liao a la cabeza; y de las majas
polainas con sus frecos.

Pero tamién yo sé que no es tan grave
ni tan gordo el defeto;
pos esto senifica que mis gustos
son gustos duraeros
y que a mis moceaes
tengo mu jondo apego.

Por eso yo fi siempre descudiao
y siempre placentero
con estas vestimentas
y con estas jechuras; y por eso
me dió tan mala espina
la novia de mi nieto
cuando la vez primera
que me vido en el pueblo
le sirvió de risorio
la ropa del agüelo.

¡La descará! Entavía
tan siquiá que m'acuerdo,
me paece que corre
la jiel por tó mi cuelpo.

¿Qué es lo que se pensó? Con este jato
que dende que era mozo llevo puesto
fí siempre a tos los sitios ande vayan
los que s'arrisquen más; y no consiento
que denguno me puea pol lo noble,
ni denguno me puea pol lo güeno,
ni denguno se gane los riales
con más honrao esjuerzo;
suando en el trabajo tan aina
que s'asoma la luz tras de los cerros.

El probe de Celipe,
el probe del mi nieto,
que es un cacho de pan po lo güenazo
consigo me llevó. - ¡Verá usté, agüelo,
qué mocita más maja; qué pimpollo
más fino y peripuesto!

Palra con un palrar tan delegante,
y con tantas lindezas y floreos
que engatusa na más que abre la boca,
y mos clava, ascuchándola, en el suelo.

¡Y aluego sabe usar unas maneras
y unos peinaos tan nuevos;
y jace unos pinitos cuando anda,
y tiene tanto garbo en to su cuelpo,
y jace unos visajes cuando mira
durzonamente, agüelo,
que me añúa el gaznate,
apenas me l'ancuentro!.

Dambos a dos llegamos a la praza
por el brazo cogíos; el mi nieto
de impacencia ajogao;
yo precurando parecé sereno.

Enfrente de l'Iglesia estaba ella.
Celipe, guiteando descompuesto,
me l'anseñó; y yo, al tanto de guipala,
tamién me descompuse y sentí drento
asín como esmenzón de un jormiguilo
que m'apretaba el pecho
al pensá que un pimpollo tan garboso
pudiera, arguna vez, dalme bisnietos.

Anque al di y saludala, al mí muchacho
le temblaba el acento,
endispués se dió traza
pa mostrale al agüelo.

Ella me recorría con los ojos
extrañá de mi jato de otros tiempos;
y de pronto... de pronto yo la vide
que tapaba la cara en el pañuelo
y que esmenzó a reirse de manera
que me puso de punta tos los niervos
y me trujo a la vista una niblina
que ábate  si reondo caigo al suelo.

Pero desimulé. Tuvi pacencia
ná más, que pol mi nieto;
el extraño me jice;
y aguantando, lo mesmo
que s'aguanta debajo de una ancina
el chaparrón más recio,
dejé que los dos mozos se palraran
lo que viniera a pelo.

Y endispués, sin icile al mi Celipe
ni una sola palabra atento de esto
cogios por el brazo
mos salimos del pueblo.

Solápao y de priesa
se jué pasando el tiempo.
Yo vía que a Celipe, poco a poco,
se le fruncía el ceño.
estaba turulato;
estaba como lelo;
y tenía un desgano del demonche;
y pol ná se enfuscaba a cá momento.

Sin abrir la mi boca
yo lo vía sufriendo;
y to lo devinaba
allá pa mis adrentos.

Por mo del desimulo precuraba
hablale sonriyendo;
pero me recomía de coraje,
námas que con velo.

Jasta que al fin un día,
no pudiendo por menos,
estrumpió: -¡La bribona m'a dejao
sin dengún fundamento;          
sin dalme explicaciones;        
como se deja un perro!              
¿Sab'osté?   ¡M'a dejao,
queriendola del mó que yo la quiero,
por otra comenencia de más talla
que le salió en el pueblo.

M'a dejao la endina
sin dengún fundamento;
sin una explicaera;
asina como a un perro!
Oyéndolo me jice el sorprendío;
pero yo lo sabía dende tiempo;
dende el momento y l'hora en que la vide
escondiendo la risa en el pañuelo;
dende la tarde que jizo bulra
de este jato que siempre llevo puesto.

Hoy s'a casao mi mozo
con una guapa moza de ojos negros;
de labios como fresas;
de cachetes rosaos como peros;
y la mesma dulzura en toa su cara
que tienen los regachos de estos cerros.

La mujer de Celipe
se mira en el mi nieto;
y nunca s'a bulrao
del jato del agüelo.
EL DISANTO

Dir vusotros na más; marcharvos solos
y no vos apuréis por el agüelo.
El agüelo se quea y no se enfusca
porque hayáis decidio distraervos.

Dir vusotros na más. Yo de la jesa
marchame más no quiero
como no m'aguijone algún cudiao
o alguna comenencia o algo más serio;
pero no pa disantos
ni pa dengún jolgorio ni jaleo.

Yo me queo en la jesa;
en mis lomas y cerros;
que no tengo el caraite como enantes,
ni son ya como enantes los festejos,
ni al pueblo de otros días
se paece ya el pueblo.

Teníamos los gustos mu destintos
los mozos de mi tiempo.
Nusotros nos pilrábamos
pol decile a las mozas chicoleos
sin propasanos nunca;
mu galanos y serios.

Bailábamos fandangos tan pulios
como los baíles mesmos
que saben los señores,
llenos de requilorios y floreos.

El disanto, a la puelta de l'iglesia
pujábamos los platos de biñuelos,
de tortas, de pestiños
y otras dulzainas, drento
de lo que nuestra juerza permitía,
pero mu satisfechos.

En Navidá, elante
del majo nacimiento
cantábamos tonás y villancicos
al compás de zambombas y panderos;
y a dalnos esmenzaba
tan jondo el escomienzo
de las cosas devinas que temblona
la voz se nos golvía; y en el pecho
sentíamos barruntos de un ajogo
tan juerte como tierno.

En la Semana Santa
éramos tos los mozos nazarenos;
toitos; sin que naide nos tomara
ni a bulra ni a disprecio.

Hogaño son los mozos sabijondos;
ajuyen las cosinas de otro tiempo;
les gusta dalse tono en los cafeles;
y mermuran; y palran mil enreos
que denguno entendíamos estonces
ni nos jacia falta el entendelo.

Eschangan los jolgorios;
bailan po lo flamenco;
les da po los cantares
que han venío de lejos:
han cambiao los jatos
y tamién se'han cambiao pol adrento.

Dir vusotros na más. Dirvos vusotros
mientras yo aquí me queo.
Me queo agateando
estos riscos y cerros;
diéndome a esos regachos y calderas
donde cantan las rulas y los mierlos;
trasponiendo esas cimas que paecen
más arrimás al cielo;
recorriendo estos campos
tan daores y güenos,
donde toas las cosas
hogaño como antaño son lo mesmo.

¡Dir vusotros na más; marcharvos solos
y no vos apuréis por el agüelo!
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